FRANCISCO, UN REGALO DE DIOS PARA SU PUEBLO Y PARA LA HUMANIDAD

al pulso

05 Ago FRANCISCO, UN REGALO DE DIOS PARA SU PUEBLO Y PARA LA HUMANIDAD

Cuenta la anécdota  que en la Jornada Mundial de la Juventud de Rio de Janeiro,  al encontrarse con el Papa, un obispo argentino le  dijo: “Su santidad” y Francisco le preguntó “¿qué te pasa?”

Si bien esto no lo puedo corroborar, sí puedo contar una experiencia propia. En enero del 2014 tuve el regalo de Dios de concelebrar la misa en Santa Marta y saludarlo al finalizar la misma; cuando volví a la residencia  sacerdotal y repasé la breve entrevista, tomé conciencia  que en todo momento me dirigí a él tuteándolo – tengan en cuenta que pertenecemos a la misma generación-  como lo hacía cuando era arzobispo de Bs. As.  Comprobé que el “no te la creas”  que tantas veces le repitió a los nuevos sacerdotes  es lo él que me transmitió: era el mismo de siempre, el que viajaba en subte o en el tren Sarmiento.

Hace poco tiempo en una entrevista al diario La Nación, el arzobispo  Sánchez  Sorondo  decía que un católico no podía criticar al Papa; sin embargo cuando  lees  los evangelios encontrás que, con honestidad y sana libertad, estos nos muestran las miserias humanas de los apóstoles y muy claramente las de Pedro, que son las que le permiten entablar un diálogo con Jesucristo y realizar esa inolvidable confesión: “tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero”.

Fomentar cualquier tipo de papolatría, le hace  mucho mal a la Iglesia. Lo correcto, en cambio, es practicar como tanto insiste el Papa, un sano discernimiento.  Distinguir las limitaciones propias de la humanidad de Francisco – ser hincha de San Lorenzo para uno de Huracán, por ejemplo- de las actitudes  evangélicas que tan claramente lo identifican.

En este aspecto me parece también oportuno releer un artículo que hace varios años escribió Tomás  Eloy Martinez  en un matutino: “La argentina,  una sociedad autofágica”, actitud que uno va descubriendo en muchos argentinos  cuya expresión más típica es: “en este país…”, convencidos de que todo lo malo sólo ocurre en Argentina o siempre surge de ella.

Criticar al Papa porque recibe a fulano o a mengano  es claramente la misma actitud de los fariseos cuando preguntaban “por qué tu maestro come con…”.

Podrá reprochársele que no ha hecho  todavía tal o cual cosa, lo que muestra sus limitaciones, pero es inaceptable que se le reproche haber hecho algo en bien de otro; en realidad al que se  denosta  con esta críticas es  al mismo Jesucristo “que pasó la vida haciendo el bien”

Enrostrarle al Papa una presunta actitud populista, mezclándola con cualquier actividad política,  es, a todas luces,   denostar la vida pública entera de Jesucristo, para quien los pobres ocuparon un lugar central en su predicación y en sus acciones. Y escuchar estas críticas también de boca de algún creyente nos muestra la necesidad que tenemos de redoblar nuestra  acción para que todos conozcan mejor el Evangelio y tengan un encuentro personal con Jesucristo.

Muchas veces me asombro  que a pesar de los años uno siempre puede descubrir cosas nuevas.  Cuando era  niño mi abuelita me enseñaba “dime con quién andas y te diré quién eres”, ahora aprendí  “dime quién está enojado contigo y te diré lo que vales”.

Y cuando observo  algunos enemigos que se ha hecho Francisco me doy cuenta lo cerca que está él´  de Cristo ya que le reprochan lo mismo.

Esta situación lejos de provocarnos enojo, algo que surge muchas veces espontáneamente, más cuando uno tiene la  legítima sospecha de que en algún sector de la prensa hay una campaña, tiene que alentarnos a trabajar con mucho entusiasmo para que Cristo sea más y mejor conocido. El enojo rara vez es una actitud eficaz para  evangelizar

No pocas veces la predicación de algunos sectores de la  Iglesia ha estado empañada por  ciertas ideologías.   Hoy más que nunca urge volver al final del libro de Job: “hasta ahora te conocía de  oídas, ahora te conocí personalmente.”(42,5)

Ninguna actividad es comparablemente más eficaz que hacer conocer a Cristo, como intenta firmemente el papa Francisco.

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